Sin embargo, la mayor carga de comorbilidades aún supondría cierto exceso de mortalidad entre las personas con el VIH

Un estudio danés publicado en HIV Medicine ha evidenciado el descenso continuado de la mortalidad en personas con el VIH desde los inicios de la epidemia hasta fechas recientes. Desde el año 2006, la mortalidad entre aquellas personas que sobreviven a los dos primeros años tras el diagnóstico es muy similar a la de personas sin el VIH. No obstante, el estudio detecta una alta carga de comorbilidades que aún se traduce en una mayor mortalidad entre quienes viven con el VIH que en la población general.

La llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA), en la segunda mitad de la década de 1990, supuso un absoluto cambio de tendencia en el pronóstico asociado a la infección por el VIH.

Desde aquellos tiempos, diversos estudios han ido apuntando hacia una cada vez mayor equiparabilidad de la esperanza de vida de las personas con el VIH con la de la población general, especialmente si el tratamiento antirretroviral se inicia rápidamente tras el diagnóstico de la infección y que dicho diagnóstico tiene lugar poco después de adquirir el virus (véase La Noticia del Día 17/03/2020). No obstante, las comorbilidades –mucho más presentes en personas con el VIH que en aquellas de la población general de edades similares– suponen un lastre para la esperanza y, especialmente, la calidad de vida de la población con el VIH.

Para arrojar algo más de luz a este asunto, los autores del presente estudio llevaron a cabo un análisis retrospectivo de los datos de 1.043 personas con el VIH y 1.043 personas sin el VIH (que actuaron como grupo control). Los datos de estas personas fueron recopilados de registros que abarcaban del año 1985 al 2017. Los controles fueron seleccionados en función de edad, sexo y municipio, pero no por etnia, estatus socioeconómico o factores de estilo de vida.

Los investigadores recopilaron datos sobre consumo de alcohol, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cardiopatía isquémica, hepatopatía, osteoporosis, enfermedad renal, diabetes y patologías psiquiátricas.

El periodo de seguimiento fue dividido en tres bloques: era pre-TARGA (1985-1996), era TARGA inicial (1997-2005) y era TARGA posterior (2006-2017).

Se observaron diferencias notables iniciales entre los dos grupos comparados. Las personas con el VIH tenían una menor probabilidad de haber nacido en Europa occidental (72% y 94% de las personas con o sin el VIH lo habían hecho, respectivamente), tenían menores niveles de ingresos y menor nivel educativo.

En el momento del diagnóstico, la presencia de las comorbilidades evaluadas antes descritas era ya mayor en personas con el VIH que en las seronegativas (14% y 9% de las personas con o sin el VIH, respectivamente, las padecían). La prevalencia de las comorbilidades analizadas aumentó con la edad de los participantes y fue siempre superior en el grupo con el VIH (menores de 30 años: 6% y 5% de las personas con o sin el VIH, respectivamente; 31-40 años: 10% y 6% de las personas con o sin el VIH, respectivamente; 41-50 años: 14% y 9% de las personas con o sin el VIH, respectivamente; mayores de 50 años: 36% y 24% de las personas con o sin el VIH, respectivamente;). Las únicas comorbilidades cuya prevalencia inicial no era superior en personas con el VIH fueron osteoporosis y diabetes.

Tras 10 años de seguimiento, el porcentaje de personas con, al menos, una comorbilidad era del 42% en personas con el VIH y del 24% en aquellas VIH negativas. El 54% de los mayores de 50 años con el VIH tenían alguna comorbilidad, mientras que el porcentaje en mayores de 50 años sin el VIH era del 36%.

Los casos de enfermedad hepática fueron especialmente más frecuentes en personas con el VIH, con una incidencia acumulada a los 10 años del 10,9% frente al 1,2% en personas sin el VIH. La incidencia acumulada a 10 años de enfermedad renal también fue mucho más frecuente en personas con el VIH que en las seronegativas (4,1% y 1,2%; respectivamente), especialmente en la época TARGA posterior (los últimos años evaluados, lo cual podría estar indicando los efectos de la toxicidad renal ampliamente descrita asociada a tenofovir disoproxilo fumarato [TDF, especialidad farmacéutica genérica-EFG-, Viread®, en Truvada® y Atripla®]).

También fue mucho más prevalente la incidencia a 10 años de uso problemático de alcohol (8,9% y 4,0% de las personas con o sin el VIH, respectivamente) y de problemas de salud mental (18,6% y 8,6% de las personas con o sin el VIH, respectivamente)

Las diferencias en la incidencia a 10 años de EPOC no fueron muy grandes (7,8% y 5,1% de las personas con o sin el VIH, respectivamente) y prácticamente desaparecieron en los últimos periodos de seguimiento. La incidencia global de diabetes no difirió significativamente entre ambos grupos, aunque si se observó un aumento significativo en los últimos años evaluados entre las personas con el VIH (posiblemente por efectos metabólicos de algunos antirretrovirales y/o la inflamación asociada al VIH), algo que también se observó en el caso de la osteoporosis. Este cambio en la salud ósea podría ser debido, como en el caso de los problemas renales, por la toxicidad asociada a TDF.

A los 10 años de seguimiento, el 23,0% de las personas con el VIH habían fallecido, porcentaje que era del 3,5% entre las personas sin el VIH.

La diferencia era máxima en la era pre-TARGA (45,5%% y 2,8% de las personas con o sin el VIH, respectivamente), comenzó a moderarse en la era TARGA inicial (15,7% y 3,6% de las personas con o sin el VIH, respectivamente) y disminuyó aún más en la era TARGA posterior (9,4% y 4,0% de las personas con o sin el VIH, respectivamente).

El porcentaje de muertes a los 12 meses del diagnóstico –un importante indicador de los niveles de diagnóstico tardío– fue del 20,3% en la era pre-TARGA, del 5,5% en la era TARGA inicial y del 1,8% en la era TARGA posterior.

Al restringir el análisis a las personas con el VIH diagnosticadas después del año 2006 y que seguían vivas dos años después de su diagnóstico, las diferencias en las tasas de mortalidad entre personas con o sin el VIH prácticamente se disiparon.

Los resultados del presente estudio muestran cómo la diferencia en las tasas de mortalidad se ha ido haciendo más pequeñas conforme las estrategias diagnósticas y, especialmente, el tratamiento antirretroviral, se han ido perfeccionando. En todo caso, la mayor prevalencia de algunas comorbilidades –especialmente en los últimos años– pondrían de manifiesto la toxicidad sobre algunos órganos de determinados antirretrovirales y posibles efectos de la inflamación de baja intensidad que el VIH produce incluso estando en tratamiento efectivo.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt).
Referencia: Jespersen HA et al. The burden of non-communicable diseases and mortality in people living with HIV (PLHIV) in the pre-, early- and late HAART era. HIV Medicine, published online ahead of print, 28 February 2021. doi.org/10.1111/hiv.1307